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14 may 2010

He ganado mi primer concurso literario. "Hoy la había vuelto a ver."

Hoy me he quedado sin palabras por un momento. ¡Ha sido la primera vez que resulto ganador en un concurso literario!  (Aunque a nivel de instituto)
He ganado un accésit en la modalidad en la que me presenté (narrativa-bachillerato).
Presenté el relato creyendo que era bueno, pero no he querido hacerme ilusiones, sin embargo, ya me las había hecho. Y cuando ya estaba perdiendo toda esperanza, he escuchado el título de mi relato: "Hoy la había vuelto a ver."
Después he escuchado mi seudónimo: "Mochilero."
Luego, tras estar un par de segundos preguntándome "¿Soy yo?, ¿Soy yo?" me he abierto paso entre la gente ¡Menuda verguenza he pasado!
Después dos besos y me han dado el premio.


Me ha encantado, más que el premio, lo que significa que un grupo de jueces haya elegido mi relato como uno de los mejores.
Siempre tuve la esperanza, pero no me quise ilusionar, y al final, llegó.
Ahora, tal vez se publique un fragmento de mi relato (no todo, pues es solo un accésit, y no un primer premio).


Pero, antes de todo, quiero compartirlo con vosotros, con los lectores del blog. 
Os dejo aquí un fragmento del relato. Si queréis más, solo tenéis que pedirlo y lo subiré a algun sitio, o al blog, por capítulos, pues es demasiado largo para una sola entrada.

Solo me queda deciros que os presentéis a concursos literarios, ya sea a nivel del instituto, del pueblo, autonómico, nacional... Tan solo hace falta imaginación, ganas de escribir, corrección y autocrítica.


Por último, decir que el relato está protegido bajo licencia creative commons. Su autor he sido yo, y mi esfuerzo me ha costado. Muchas gracias por leer el blog, y por leer el fragmento.


Ahí va el fragmento de mi relato. Repito, si queréis más solo tenéis que pedirlo.


Hoy la había vuelto a  ver.  Por Ángel Simón


Hoy la había vuelto a ver. Pero esta vez había sido diferente.
Cada noche disfrutaba en la intimidad del placer de observarla anónimamente. Pero todas aquéllas mágicas experiencias habían perdido esta vez su halo de misticismo y sensualidad.
Cada noche disfrutaba en secreto de su cuerpo, de cada fragmento de aquél ser, admirando su inhumana perfección e imaginando poder algún día penetrar en su mente. Deseaba viajar por sus pensamientos hasta conocer cada recoveco de su alma, comprender su dulce alegría y palpitar con su rítmica danza. Su relación iba más allá del deseo sexual, el amor, la pasión o cualquier otro sentimiento conocido. Era algo especial, íntimo y espiritual.
Cada noche aquél ser extraordinario lo visitaba en sueños y cada noche algo cambiaba. Algunas veces el sueño era tan breve como un suspiro, otras parecía una eternidad, pero para él, nunca era suficiente. Algunas veces la contemplaba, siempre desde la oscuridad, mientras su cuerpo desnudo se bañaba bajo la plateada luz de la luna, otras veces mientras bailaba grácilmente con las bestias de la selva, otras mientras entonaba una encandilante melodía y atravesaba un árido desierto. Pero siempre era ella.
Su cuerpo era de apariencia casi humana, pero de una perfección sobrenatural. Siempre se mostraba desnuda, dejando ver la perfección de su cuerpo. Su larga melena lisa era de un color verdoso, y sus ojos almendrados, formados por una enorme pupila negra, le hacían asemejarse a una ninfa. Su rostro proporcionado y sus medidas equilibradas desafiaban a los cánones de belleza de la Antigüedad Clásica e incluso al poder creador de la Madre Naturaleza. Su mirada era harmoniosa y su comportamiento en ocasiones alegre, otras, sereno. Pero siempre parecía feliz.
Sus curvas, sus misterios, sus visitas y su propia existencia habían llevado a Álex a un estado deplorable que él mismo desconocía. Ella era la causa de que cada día tuviese la mente ausente en su trabajo, en su vida íntima y en su vida social.
Álex llevaba una barba de un par de semanas, un aspecto bastante descuidado, unas ojeras muy marcadas, quince kilogramos menos y varios avisos por parte de su jefe. No se cuidaba, no comía, no rendía, no dormía, y cuando dormía, llegaba ella. Hacía su trabajo a desgana –algo que no podía permitirse- y sin motivación alguna. Tan solo deseaba la llegada de la noche, con la cual llegaba su onírica amada, nada más cerrar los ojos.
Muchos malinterpretaban su extraño comportamiento, pues no sabían de todos aquellos acontecimientos mágicos de sus sueños. Les parecía que sufría de insomnio y estrés, lo cual era cierto, y pensaban que la causa podía ser desde la espiral sin fondo de la droga hasta las redes de alguna secta, lo cual no era tan cierto. Nadie alcanzaba a sospechar que la causa de su mal fuese un sueño. Aunque para él fuera mucho más que eso.
Más de una vez le habían ofrecido ayuda y se habían preocupado por él. Pero sus propuestas fueron rechazadas repetidas veces. Álex sabía que lo tomarían por loco. “No alcanzarán a comprenderlo”, se decía, “Ella es mi único vicio, mi droga, mi razón de ser”. Anhelaba su invisible perfume, el que inundaba sus sueños, y soñaba despierto con entrar en su mente, conocer su nombre, descubrir su procedencia y tocar su verdadera esencia.



 Espero que os haya gustado este fragmento, y recordad que hay más. Si queréis saber quién es ella, por qué aparece en sus sueños, o por qué esta vez había sido diferente. Tan solo decídmelo, y eso me llenará de orgullo y satisfacción más que al rey en el discurso de Navidad.




Hoy la había vuelto a ver by Ángel Simón Vendrell is licensed under a Creative Commons Attribution-Non-Commercial-No Derivative Works 3.0 Spain License.
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25 sept 2009

Primer relato del blog: Noche en vela


La luz plateada de la luna se filtraba entre la densa niebla londinense y entraba por los ventanales del salón.
Era la única luz de la estancia e iluminada una tupida alfombra color grana con refinadas filigranas doradas que cubría la mayor parte del suelo. Pocos muebles más ocupaban la habitación, pero todos ellos eran de suma elegancia y exquisitez. Viejos tapices, de valor inestimable cubrían las paredes. Algunos tenían siglos, otros eran de sublime belleza, y muchos de ellos eran únicos y originales.
La enorme estancia estaba ocupada tan solo por estanterías repletas de libros, todos muy bien organizados, que eran tan solo una ínfima parte del total de la colección .También había un viejo escritorio en desuso y un sillón.
Pese a su portentosa riqueza, y pese a la cantidad de libros y obras que había podido admirar, su propietario no estaba satisfecho.
Tenía miles de libros, en diferentes lenguas, de diferentes estilos, formas y tamaños, y también disponía de todo el tiempo libre que deseara, hasta que su corazón cesase de latir, la cual cosa le había permitido leer cada uno de los libros que poseía. Algunos le divertían, algunos simplemente le entretenían, otros le comunicaban sabias enseñanzas o lo hacían pensar. Algunos le llevaban a otros mundos, algunos le hacían viajar, otros le hacían enamorarse… Sin embargo, el lector no estaba satisfecho.
El tic-tac de un reloj determinaba el paso del tiempo. Pasaba de la media noche, y el lector no había podido conciliar el sueño.
Tic-tac.
Conforme pasó la noche, la poca luz que atravesaba los cristales disminuyó de intensidad hasta apagarse por completo cuando el cielo quedó completamente cubierto de nubes.
El único habitante de al ostentosa mansión ocupaba su lugar en el sillón de terciopelo escarlata, fumando de una pipa de madera de brezo.
Aspiró el humo, chasqueó la lengua y exhaló el humo. Se sentía aburrido, se sentía vacío.
Tac Tac Tac
Correspondiendo al sentimiento interno del señor de la mansión, afuera empezó a llover.
Tac tac tac
Las gotas golpeaban los ventanales.
Chupó de la pipa, chasqueó la lengua y echó el humo.
Dejó de lado la pipa, que se apagó sola, y encendió una cerilla con al intención de encender un candil. Adoraba la soledad, y no rechazaba la tranquilidad, pero la completa oscuridad le volvía un tanto nervioso. El fósforo prendió al contacto con la lija, y una pequeña lama surgió en al puta de la cerilla. El nuevo foco de luz titubeó un poco, y las sombras de la habitación temblaron con él. Antes de que se levantara, una corriente de aire lo hizo apagarse definitivamente .
El hombre maldijo por lo bajo.
Un rayo iluminó el salón, seguido de un gran estruendo.
Como un rayo, una idea cruzó el pensamiento del huraño habitante.
Había encontrado algo que terminara con su aburrimiento, algo nuevo con lo que experimentar, algo diferente a todo lo que había visto, escuchado o leído. Desde al penumbra de la habitación, sonrió.
Tic-tac
Siguió sentado durante largo rato y dejó que el pensamiento creciera y se formara en su mente.
Acto seguido, se levantó y se acercó al escritorio que había a la otra punta de la habitación. Frotó una cerilla y la acercó a un grueso velón, que ocupaba el escritorio junto con una caja de madera oscura, traída de los árboles del Amazonas, decorada con filigranas de oro.
Apartó la silla y se sentó. Paulatinamente, abrió la caja, como con miedo y extrajo un frasco de cristal con un tapón de corcho, relleno de oscura tinta, y una pluma de águila de tonos pardos.
Afuera seguía lloviendo y tronando, pero ni el ruido de las gotas salpicando el cristal, ni el retumbar de los truenos lograron sacar a aquél hombre de su ensimismamiento.
Las musas lo habían visitado, la inspiración había llegado, y su imaginación iba a hacer le resto.
Destapó el frasco de tinta y mojó en él la punta de su pluma. En cuanto esta rozó el pergamino, el embrujo se apoderó de él.
El ávido lector traspasó una barrera invisible hacia un mundo desconocido para él: el mundo de la imaginación y la creación.
El ahora
escritor dejó que su mano guiara la pluma, convirtiendo sus pensamientos en palabras formadas por pulcras letras.



La luz plateada de la luna se filtraba entre la densa niebla londinense y entraba por los ventanales del salón.



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